Luciana Peker: “Hay un racismo cultural para no escuchar a las mujeres de América Latina”

 

Luciana Peker: “Hay un racismo cultural para no escuchar a las mujeres de América Latina”

En ‘Odiocracia’, la periodista argentina describe cómo opera la reacción misógina global, una respuesta política y económica contra las denuncias de violencia sexual.
Texto: Mª Ángeles Fernández

Un día cogió las maletas y desde entonces no ha parado. Después de dos décadas escribiendo sobre feminismo en Argentina y publicando libros como Putita golosa, por un feminismo del goceSexteame, amor y sexo en la edad de las mujeres deseantes o ¿Es amor o se hace?, la periodista Luciana Peker ha publicado La odiocracia. Al fondo a la derecha (Libros del KO, 2026).

“Nos dicen que frente al odio hablemos de amor y para nosotras es el proceso inverso: porque rompimos las estructuras que generaban el amor y el sexo como lugar de dominación de las mujeres y disidencias vino el odio. El orden de los libros explica mucho qué pasó cuando las mujeres cuestionamos nuestro lugar sexual”.

Exiliada en el Estado español, Peker pasa por La Sinsorga, en Bilbao, para presentar su nuevo libro que surgió, cuenta, como necesidad vital: “Si no lo escribía me moría”.

El día que decidió marcharse (quizás el verbo no sea el adecuado, ¿el día que la expulsaron?), Javier Milei había ganado las elecciones en Argentina. “Dije me voy”, comparte con una sonrisa nerviosa. Ese gesto acompaña cualquier conversación con la periodista argentina. Y eso que existen motivos para borrarlo: los años de acoso y amenazas por su trabajo como periodista, en los que parece que estuvieron implicadas las Fuerzas Armadas. Una jueza concluyó que había habido una organización orquestada para hostigarla y atemorizarla. Pero ahí sigue, con esa expresión que la define y que tiene infinitud de tonos y matices.

Sigue. Sin parar. Con la sonrisa. Tratando de crear redes. Escribiendo. Haciendo un podcast. Dando talleres. Presentando el libro.

Minutos antes de la cita en Bilbao, daba una entrevista para un medio vasco; al día siguiente, impartía un taller a una asociación de mujeres migrantes. Sin descanso. Con la sonrisa. Pero también con dolor y enfado.

«La reacción misógina es una reacción política y económica contra las denuncias de violencia sexual»

“No se puede naturalizar a Milei. Algo que sí hizo Europa; muy especialmente los varones, incluso los progresistas. Los opositores legitimaron mucho el proceso de Milei y es algo en lo que las mujeres nos plantamos, pero quedándonos muy afuera del sistema. Escribir contra eso para mí sí es revivir porque hubo un silenciamiento muy fuerte. Tenemos que reocupar un lugar que habíamos llegado a ocupar y por el que fuimos castigadas”, explica durante la presentación de La odiocracia, conversación de la que sale esta entrevista.

Escribir es su principal herramienta de lucha, de denuncia, de sostén. Ha publicado en Página 12, Infobae, La Diaria, eldiario.es, El País, Pikara Magazine, 5W, The New York Times, The Washington Post y The Guardian, entre otros medios. “Algo muy importante para mí del trabajo periodístico es hacer flechazos, pero no los de Cupido, hacer flechazos en el sentido de poder unir las cosas”, explica. Generar lazos y redes es una de sus principales motivaciones e impulsos.

«No nos imaginábamos que nos enfrentábamos a un monstruo tan grande y tan solas»

A raíz de la denuncia de la actriz Thelma Fardin por violencia sexual contra el actor Juan Darthés, fue cuando empezó a recibir amenazas. Un caso que, cuenta, tiene que ver con las redes latinoamericanas y con “la solidaridad infinita de las feministas nicaragüenses”. Explica que tres ministerios públicos fiscales, los de Nicaragua, Argentina y Brasil, se unieron, pero ninguna de las feministas que la ayudaron pudo volver a Nicaragua. “Es un fallo que cambia la historia argentina. Solamente en un día aumentan en 1.300 por ciento las denuncias de violencia sexual. Se aprueba una ley que estaba cajoneada y que impone capacitación obligatoria en cuestiones de género. Y a partir de ahí empieza a atacar la extrema derecha. La reacción misógina es una reacción política y económica contra las denuncias de violencia sexual. No nos imaginábamos que nos enfrentábamos a un monstruo tan grande y tan solas”, expone Peker.

¿Quién es esa extrema derecha? ¿Quién o qué es este régimen de odiocracia que da título al libro? ¿Qué tiene que ver con la motosierra?

La motosierra tiene que ver muchísimo. La motosierra que le regala Javier Milei a Elon Musk la hace un artista que se llama Tute [Mariano ‘Tute’ Di Tella] que se inspiró explícitamente en La masacre de Texas, una película de terror basada en un femicidio real de un señor que mataba a mujeres y decoraba su casa con la piel de mujeres. Eso no es un invento, es una amenaza de femicidio real. [Elon] Musk hace una postura como una extensión peniana y eso implica una amenaza literal hacia las mujeres y una masculinidad sobreimpostada. Volvemos al sexo porque me parece algo clave: no se puede hablar de sexo si no hablamos de política y no se puede hablar de política si no hablamos de sexo. En la Argentina casi no hay mujeres opinando y esa densidad tiene una connotación sexual de lo que está pasando.

«Negar espacios a las periodistas latinoamericanas es una discriminación indignante»

Nombras a Elon Musk, que aparece mucho en el libro. ¿Qué papel juegan estos señores tecnofeudales en la odiocracia?, porque tienen mucha relación con los nuevos dirigentes mundiales. Y no solo por su control tecnológico, sino también por las políticas extractivistas, por ejemplo, relacionadas con el litio.

A Argentina ha ido el director de Palantir [Peter Thiel], que es quien está decidiendo quién muere en Gaza, es quien está decidiendo quién va preso con el ICE [acrónimo en inglés de Servicio de Control de Inmigración y Aduanas] en Estados Unidos, y se compró la mansión más cara de Buenos Aires y por su supuesto quiere instalar las bases de la inteligencia artificial en la Patagonia, la que amamos tanto y que quieren regalar. Hicieron un plan, que cuento en el libro, que se llama RIGI [Régimen de Incentivos para Grandes Inversores], que es un régimen de inversiones que no ha generado ni inversiones ni crecimiento y que no exige ni siquiera que haya trabajo, sino que regala absolutamente los recursos naturales para la extracción, el litio, el oro, el agua, sin ningún beneficio económico. Y ahí sí está la complicidad de Europa, tanto del Gobierno español como de [Emmanuel] Macron, porque las empresas francesas tienen intereses directos en las empresas del litio. Quieren conservar la democracia europea con base en un neoextractivismo en el sur. Ese esquema no solo es absolutamente injusto, sino que es un error de cálculos porque la odiocracia en el sur les rebota en el norte.

Cuentas que lo que describes en el libro no es una alarma para el futuro, sino una radiografía del presente. Ya lo dijo la cineasta Dolores Fonzi al recoger un Goya: “Vengo del futuro”. ¿Estamos a tiempo de escapar de ese futuro?

Esa frase de Dolores Fonzi es muy característica porque nosotras venimos de un activismo muy aguerrido, muy operativo, muy pragmático, por decirlo de algún modo; de pelear contra lo imposible creyendo que era posible. Yo soy muy realista, creo que por eso el periodismo vuelve a ser muy importante para hacer un diagnóstico. En general lo que escucho en España es una idea muy errada de lo que puede pasar, aun cuando creo que lo que puede pasar en España sería menos grave que lo que ya pasa en Argentina, por la situación económica y por las diferencias estructurales. Hay que escuchar a las voces latinoamericanas, que es algo que no practica mucho el pueblo español ni el pueblo europeo. Negar espacios a las periodistas latinoamericanas es una discriminación indignante, pero además es no tomar noción de la realidad ni tomar recursos ni estrategias. ¿Alguna de la que sirvió? Milei quería indultar a los militares y no pudo porque la marcha del 24 de marzo, que es el Día de la Memoria, fue multitudinaria. Creo que se está a tiempo.

«Creo que la única forma de frenar la odiocracia es el feminismo»

Hablando de vuestra lucha en Argentina, en el libro recuerdas que la cuarta ola feminista fue alzada desde el sur, así como todo el empuje de las huelgas y del MeToo. En Argentina habéis logrado legislaciones más avanzadas que muchas europeas. También escribes que esa cuarta ola está siendo sepultada en el sur global. ¿Qué tiene que ver la odiocracia con el empuje del feminismo?

Lo que se llama la cuarta ola feminista nace claramente en Argentina el 3 de junio de 2015 con Ni Una Menos; el MeToo es en 2017, Yo te creo hermana es un año después. La huelga feminista en 2017 la inicia quien fue mi jefa, mi editora, Marta Dillon, parando autos, y la hace conjuntamente con Polonia, que venían de la huelga de mujeres para frenar una mayor criminalización hacia el aborto. España lo copia, lo imita. El pañuelo está en todas partes. Incluso se usan para otras luchas que a mí me encantan: quiero hacer una muestra con los pañuelos para mostrar cómo la lucha por el aborto es una bicicleta que lleva otras demandas sociales. Usan el símbolo y ahora nos tratan como si fuéramos un zoológico lejano de locas a las que no se puede escuchar. Eso es un extractivismo en tiempo real: escucharte para lo que me conviene y no te escucho porque no me gusta cómo hablás, porque no me gusta tu acento, porque no me gustan tus palabras o porque eso viene de un lugar extraño. Y cuando ese país o esa región de las cosas en las que te inspiraste está mal y sufre consecuencias mucho más graves, porque en el sur el autoritarismo, la crisis económica, etcétera se cristaliza de maneras mucho más graves, suelto la mano. Creo que la única forma de frenar la odiocracia es el feminismo.

«Los hombres se fascinan con la extrema derecha»

Dices que la extrema derecha es quien nunca subestimó el poder del feminismo, que siempre ha tenido muy claro su poder y por eso se ha envalentonado para evitar que siga avanzando.

Hacíamos el pañuelo verde, ellos hacían el pañuelo celeste. Íbamos a los programas de chimentos [rumores, chismes] para conseguir el aborto, ellos iban a los programas de chimentos para sacar diputadas. Vos decís “salimos del clóset para nombrarte lesbiana, bollera, torta”, ellos dicen “salimos del clóset para ser de derecha”. Es muy difícil sostener estrategias o narrativas porque te roban todo, se copian, te miran todo el tiempo. No es que subestimaran el feminismo, nos odian, nos tomaron como enemigas, como adversarias y como autoras intelectuales a las que disputar. Otra cosa muy sistemática es que los hombres se fascinan con la extrema derecha. Hay un podcast que a mí me gusta mucho, no voy a decir cuál, en el que definieron a [Jeffrey] Epstein como un fenómeno fascinante. Nunca una mujer lo podría haber nombrado como algo fascinante porque se te revuelven las tripas. Pero no es algo excepcional, les fascina, les erotiza, les excita la extrema derecha, aun cuando sean opositores. A nosotras no nos pasa eso, nosotras la confrontamos.

Hace un año más o menos organizaste un encuentro online privado con periodistas, varias argentinas que contaban cómo no se las había expulsado de sus medios, pero sí se las había arrinconado; si antes escribían abriendo página, sección o el periódico, ahora las dejaban la última columna, las ignoraban. No es que las expulsen, pero las hacen invisibles y si tu sueldo va asociado a lo que escribes…

Intenté lanzar una campaña que se llamó Sigamos para apoyarnos entre nosotras. Periodistas feministas de trayectoria que estén trabajando en los medios casi no queda ni una, nos han barrido. Hay una periodista histórica impresionante que es Mariana Carvajal, tiene más de 30 años de trabajo, que ya no está en Página 12. Cerraron las agencias oficiales, como si acá hubieran cerrado Efe. Silvina Molina está sin trabajo. Nuestras compañeras están casi sin poder comer. Eso es lo que no se está entendiendo, el nivel de gravedad. Fue un país con una gran cantidad de editoras de género y la que queda está muy arrinconada. Cuando no quedan periodistas que generen otras investigaciones, narraciones, la verdad es que la valla a estos proyectos de extrema derecha se corta. Hay cosas para hacer, apoyarnos entre nosotras, que eso también falta y es un recurso. Hay que aprender a apoyar desde lo público mientras se tiene, desde la cooperación: me parece importante decirlo porque la cooperación catalana y la cooperación vasca son dos cooperaciones muy importantes y no pueden dar la espalda ni a América Latina, ni al feminismo, ni a las periodistas feministas.

El prólogo del libro lo ha escrito Lucía Lijtmaer, autora de Ofendiditos, donde cuestionaba esa supuesta cultura de la cancelación. ¿Quién está cancelando?, ¿quién está quitando el altavoz, el espacio?, ¿quién se tiene que ir de las redes sociales?

Algo que me interesa mucho del libro de Lucía es cómo se preparó durante tanto tiempo la extrema derecha para volver a copar las universidades, el discurso público, etcétera. Realmente han cancelado a las mujeres periodistas. Hay una cancelación muy fuerte que se da además en las que venimos asiladas, migrantes, y se está dejando pasar, como esa idea de Adam Smith de dejar hacer, de dejar pasar. Una frase de Milei es que no hay plata, y la verdad es que en Europa sí hay plata, pero no se quiere usar porque hay un racismo cultural para no escuchar a las mujeres de América Latina.

Hablas de racismo. Toda esta odiocracia, esta extrema derecha, está ocupando poderes y se va adecuando a la idiosincrasia de cada lugar, pero hay algo que siempre comparten, sea donde sea: machismo, racismo y transfobia. Esa intersección parece que la tienen muy clara.

Sí, a mí lo del Elon Musk con la hija me parece muy impresionante, iba más diciendo “yo tenía un hijo y se murió”, o sea, un padre que es capaz de matar un hijo no es un padre. Y él es quien está hablando de la tasa de natalidad. Y Milei no es padre y esos son los que quieren que las mujeres tengamos maternidades forzadas. Sobre el odio a los migrantes Milei dice que “Europa está terminada por la invasión”, pero ¿te das cuenta quiénes somos los invasores? También ha dicho que “hay sociedades con las que no se puede convivir”, eso es el nazismo, es decir que hay un otro al que hay que aniquilar. Con la prioridad nacional, Vox recupera algo que va más allá de lo electoral. El 40 por ciento de los votantes del PSOE está a favor porque hay un sentimiento de que vengan, pero para servirme. En los medios de izquierda de España no escriben, no hablan, no hacen podcast ni hacen videos otras personas con otros acentos y con otras pieles, eso también es prioridad nacional.

fuente:  https://www.pikaramagazine.com/2026/06/luciana-peker-hay-un-racismo-cultural-para-no-escuchar-a-las-mujeres-de-america-latina/

 

De entre todos los regalos posibles, Javier Milei eligió una motosierra para Elon Musk. Este objeto en forma de pene dentado es para Luciana Peker -periodista y activista argentina exiliada en España- la metáfora perfecta de la nueva extrema derecha obsesionada con destruir los avances de la cuarta ola feminista y con erradicar las políticas sociales.

Argentina es el nuevo laboratorio de este turboneoliberalismo feudal y misógino, que aspira a extenderse también en España a través de los estrechos lazos entre Milei, Santiago Abascal e Isabel Díaz Ayuso. Estos, a su vez, viven espoleados e inspirados por Donald Trump, cuyo eje político es el debilitamiento de la democracia, la represión de la protesta social y el intento de reconvertir a América Latina en el baño trasero y a Europa en un museo sin marcos. Este engranaje del odio gana una elección tras otra. Triunfan los polivillanos, outsiders, autoritarios, neofascistas, que naturalizan el odio, lo vuelven corriente, callejero, permeable, aceptable. Perdemos el sistema en el que se asentó el mundo después del horror del genocidio del siglo XX.

Frente a esta internacional del odio, los feminismos populares, potenciados desde el sur global, ofrecen reparación, se organizan para protestar y ayudan a imaginar un mundo que no sea un charco de violencia, sino un lugar de encuentro.

«La odiocracia llega cuando la ultraderecha mundial ha dejado de disimular su programa y ha encontrado en el machismo y el racismo, en esa alianza perpetua, un nuevo sistema: el sistema del odio global».

Lucía Lijtmaer

https://traficantes.net/libros/la-odiocracia

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